La belleza del desnudo (II): observación y placer

En el artículo anterior a duras penas rasgué la superficie de la belleza del desnudo. Sobre todo me enfoqué en el punto de vista psicológico y en cosas que todos hacemos mal a la hora de mirarnos en el espero. Pero… ¿de verdad hace falta mirarse en el espejo?

Porque está científicamente demostrado que no siempre nos vemos igual en el espejo. De la misma forma que nadie ve las cosas igual que tú, tú mismo/a no te ves igual siempre. La luz, tu humor, la ropa que llevas… Todo eso altera la forma en la que te ves.

Tus ojos te engañan

Lo dicho. Tus ojos te engañan, aunque más bien es la interpretación de tu cerebro la que te engaña. Porque puede que todos los días peses lo mismo, pero que hoy te veas delgado/a y mañana más fofo/a. Y no es algo malo, de verdad. A todo el mundo le pasa. Todos, cuando estamos a solas, nos sentimos inseguros.

No obstante la culpa no es tuya. Ni hablar. Es de la moda y la pasarela, del maquillaje y la televisión. Porque todos tomamos como referentes a los que salen en la tele y nos parecen tan perfectos/as; pero no tenemos en cuenta que no son como nosotros. Porque cada cuerpo es único; y para enseñarte un desnudo “perfecto” en la tele se pasan horas, o días, buscando.

Así que recuerda: No te compares con los demás.

La belleza de tu desnudo

Todo desnudo es hermoso. TODOS. Sin excepción. Cicatrices, pecas, arrugas… Todo eso forma parte de ti y quien no sepa apreciarlo no merece tu interés.

Es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno y luego no ver los propios fallos. Pero si aprendes a ver tu belleza verás la de los demás sin dificultad. ¿Por qué? Porque nosotros somos nuestros mayores críticos.

Demostración

Desnúdate, apaga la luz y túmbate en la cama. O siéntate en el sofá, o mantén los ojos cerrados. Solo vas a necesitar el silencio y tus dedos.

Respira tranquilamente, hasta que solo oigas tu respiración. Restriega tus manos entre ellas para que entren en calor, para no tener frío. Abrázate y siente la piel de tus brazos. Sube por el cuello y la cara. Palpa tus párpados, la parte de detrás de tus orejas.

Explora en profundidad cada parte de tu cuerpo. Tus pechos, los pezones, el ombligo, la pelvis… ¿Qué estás buscando? ¿Qué es lo que ves en tu cabeza? ¿Te gusta lo que estás sintiendo?

Quizá te pongas húmedo/a. Es normal excitarse. Y, si sientes la necesidad, mastúrbate.

La idea de este ejercicio es que encuentres en tu cuerpo cosas que te gusten y que no veas en el espejo. Por ejemplo, cómo se endurecen tus pezones al acariciarlos, la curva debajo de tu pecho, tus clavículas, tu ombligo… Te reto a que encuentres todo lo que puedas; y si encuentras aunque sea una sola cosa compartas este artículo para que otros/as encuentren también la belleza de su desnudo.

Deja un comentario